
El instinto de huir para sobrevivir es fundamental para un
animal de presa. El caballo domesticado conserva este instinto. Para poder
utilizarlo, el caballo tiene que aceptar algunas cosas que en la vida natural representarían
una amenaza de muerte. Un caballo tiene que entrar en espacios reducidos, tiene
que aguantar ruidos molestos, quedarse quieto con movimientos bruscos
alrededor, recibir golpecitos de su jinete, etc. No podemos esperar que el
caballo no vea peligros donde a nosotros no nos parece que lo haya.
Entrenándole podemos acostumbrarle a no huir ante la mas mínima amenaza y
controlar su reacción ante un peligro.
Lo primero que tiene que aprender un caballo es a quedarse
quieto. En el entrenamiento el caballo ha de estar suelto o sujeto con una
cuerda lo suficientemente larga como para que no se sienta forzado a quedarse,
tiene que poder marcharse cuando quiera. Empiece al lado del caballo, con una
mano sobre el caballo ande para delante y para atrás con pasos suaves. Después
de un rato el caballo tiene que dejar al entrenador pasar por detrás de él
hacia el otro lado, es importante entrenar los dos lados. Al pasar delante del
caballo no hay que pasar tan cerca como para hacerle sentir arrinconado y
forzado a apartarse.
Según lo vaya permitiendo el caballo los movimientos se
hacen mas intensos y los pasos mas fuertes. A veces hay que parar y esperar con
la mano sobre el caballo, después la mano se quita durante unos pasos. Los
caballos aprenden rutinas en seguida, así que hay que variar los gestos todo el
tiempo. Cuando el caballo permite que el entrenador de vueltas alrededor de él
sin tocarle hay que aumentar la distancia.
El próximo paso es subir el nivel de molestia pisando muy
fuerte mientras se da vueltas alrededor del caballo, primero con la mano sobre él,
después sin la mano. De la misma manera se consigue que el caballo se
acostumbra a que el entrenador corra alrededor de él. Primero suave y despacio,
después mas y mas fuerte. Si se aleja el caballo puede ser que el entrenamiento
haya progresado demasiado deprisa, si la base está bien hecha, el caballo tiene
que volver cuando el entrenador se lo pida. Hay que retomar el entrenamiento desde
un nivel mas bajo. Si el caballo sistemáticamente se va porque no quiere ser
entrenado, su alternativa será trabajar.
Los caballos son vagos por naturaleza y siempre eligen lo
más cómodo, si el caballo se va repetidas veces tiene que trabajar. El caballo
se puede marchar, pero no donde él quiere, ni con la velocidad que él quiere.
El caballo tiene que correr en círculo y tiene que cambiar de mano mas rápido
de lo que él querría, después de unas vueltas el caballo suele darse cuenta de que
es mas cómodo quedarse quieto y que el entrenamiento siga.
El caballo tiene que permitir ser tocado y acariciado en cualquier
parte de su cuerpo, primero con la mano, después con objetos. Si el caballo da
patadas hacia la mano cuando se le tocan las piernas se puede utilizar una
fusta, por ejemplo, como alargamiento de la mano.
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El siguiente paso puede ser tocarle con una manta. El entrenamiento
siempre empieza en un nivel bajo, de la misma manera que se entrenó el quedarse
quieto, la manta se dobla y se acaricia el caballo por todo el cuerpo con ella,
después se abre la manta y los gestos se hacen mas grandes. Se puede entrenar el
ensillado del caballo dejando la manta en el suelo y cogiéndola como una
montura se tira encima del dorso del caballo, siempre desde los dos lados.

Un plástico grande de mas o menos metro y medio de lado
sirve para acostumbrar al caballo a crujidos y otros ruidos molestos. Hay que
empezar con cuidado y poco a poco ir subiendo la intensidad. El caballo tiene
que aguantar que el entrenador corra alrededor agitando el plástico, que el
plástico se le tire encima desde donde sea. Empiece con el plástico pequeño y
menos peligroso, y acabe con el plástico grande que es mas amenazante a los
ojos del caballo. Rodando un barril vació alrededor del caballo se le prepara,
entre otras cosas, para el enganche.
Hay que emplear objetos cotidianos para entrenar al caballo, un paraguas
por ejemplo, pero nunca hay que herir o asustar al caballo, si esto ocurre el
trabajo no habrá servido para nada. Después de cada sesión tiene que estar un
poco mas confiado y ser un poco mas dócil.
Los cambios en el suelo pueden asustar a muchos caballos,
por ejemplo manchas oscuras en el piso del picadero o charcos de agua en el
camino. La base para poder pisar diferentes objetos se trabaja mas fácilmente
en el picadero redondo. El caballo tiene que estar acostumbrado al plástico y
lo tiene que aceptar totalmente. Se pone un plástico grande de unos tres por
cuatro metros en el suelo pegado a la pared y al caballo se le manda pasar por
encima en la cuerda o suelto. Si no hay picadero redondo el plástico se pone al
lado de una valla o una pared.
Cuando el caballo pasa sobre el plástico al paso y se para
encima hay que pasar por encima seguido del caballo suelto. Ahora el plástico
se hace mas pequeño y mas difícil de pisar. Después se sustituye el plástico
por una tabla de madera, una alfombra u otro objeto que aguante su peso y no le
pueda hacer daño.
Si se le deja elegir al caballo, no verá razón alguna para
pasar a través de charcos pequeños. Si el charco es grande es mas fácil hacerle
pasar. Hay que comparar con el entrenamiento en el picadero, cuando el caballo,
que es un animal de costumbres, obedece y entra en charcos grandes será mas
fácil hacerle pasar por charcos pequeños. Aquí lo grande es lo fácil y lo
pequeño es lo mas difícil. Hay que empezar siempre por lo mas fácil.
Es el mismo procedimiento que se usa para hacer entrar al
caballo en pasadizos estrechos, primero mas ancho, después mas estrecho. Antes
de empezar hay que plantearse bien lo
que se quiere conseguir con el entrenamiento para no enfrentar al caballo a
situaciones que no pueda solucionar, de todos modos habrán muchas
equivocaciones durante la vida de un caballo.
De la manera que reacciona el caballo en el entrenamiento
reaccionará ante nuevos desafíos, sabiéndolo de antemano será mas fácil
solucionar situaciones inesperadas. Muchas veces se dice que el caballo nunca
se ha portado de una u otra manera, puede ser cierto, pero el caballo seguramente
habrá demostrado en otras situaciones como va a reaccionar.
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