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El propio caballo decide cuanto se tarda en domarlo. La eficacia del entrenador aumenta con la experiencia y así disminuye el tiempo empleado. Cuando uno empieza el entrenamiento debe disponer de todo el tiempo necesario, nunca se debe empezar algo si no se tiene tiempo para terminarlo. Si uno dispone de poco tiempo es mejor repasar algo que el caballo ya conoce, así puede uno terminar cuando quiera. Si no se tiene tiempo para terminar el entrenamiento correctamente y el caballo se sale con la suya, el proceso irá mas lento la próxima vez. La calidad del entrenamiento es la que da el resultado, no la cantidad de tiempo empleado. Seguir pidiendo por diversión algo que el caballo ya ha conseguido hacer bien puede ser desastroso. El caballo utiliza durante el resto de su vida lo que aprende al principio de su carrera, pero también se pueden crear problemas si se exagera. Si uno se toma su tiempo al principio luego avanzará mas rápido. El caballo aprende inmediatamente si se le da la oportunidad de reaccionar correctamente. Su sentido de percepción es muy agudo, muchas veces ya ha reaccionado a un estímulo antes de que lo haya notado el entrenador. Si el estímulo se da en el momento adecuado y cesa en el momento adecuado, el caballo aprende. Algo que se le enseña al caballo en unos segundos luego puede ser refinado durante el resto de su vida. Muchas veces uno exige demasiado desde el principio. Un caballo aprende por si mismo las malas costumbres. Enséñele buenas costumbres, enséñele lo que quiera que el caballo haga. |
Antes de empezar un próximo paso hay que terminar el anterior, por ejemplo, si el caballo va a ser montado tiene que admitir que se suba el jinete. Cuanto mas confirmado esté cada paso, mas fácil es dar el siguiente. No se gana nada forzando el entrenamiento, porque habrá que rehacerlo. Es mejor tomarse su tiempo al principio que tener que volver a empezar continuamente. Cuando se pide algo al caballo este empleará primero la solución mas reciente que haya conocido. Si esto no funciona, intentará con otra cosa. La solución ha de ser lo que uno quiere que el caballo haga. Un caballo no miente, solo hace lo que se le ha enseñado o lo que ha aprendido por si mismo. Cuando se le presenta un problema al caballo, la solución debe ser lo que el entrenador espera que el caballo haga, si el caballo hace algo diferente no es culpa suya, se debe a que se le ha presentado mal el problema. Un caballo nunca comete errores intencionadamente, siempre hace lo que es correcto desde su punto de vista. Por muy incorrecto que parezca, el caballo nunca comete errores. El caballo elige todas sus acciones, por eso todas las elecciones que se presentan al caballo deben de estar pensadas de manera que no se le fuerce a hacer algo incorrecto. El caballo puede equivocarse, las equivocaciones son corregibles, así se le enseña lo correcto. Hay que diferenciar entre errores intencionados y equivocaciones.
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