poemas de

En algún lugar de la tierra

 

la ciudad oscura
como un requiem
y esa tristeza
que otra vez
                    golpea
y que
      no entiendo

nuestros cuerpos
                    t(h)endidos
CA
        YEN
                  DO
sin prisa
           sin manos

ese otro que
relincha en
                   el espejo
el eco
de tu voz
par-ti-da
antes
        del aliento

hoy elijo
la metáfora
                 del agua
la soledad
sin pausa          de las
       agujas lentas

y mi lengua que atravesó
                        la sombra
sin poder nombrarla

el desespero de
querer vivir
sin haber nacido

el jadeo monocorde
                    entre las sombras
la vida en
       su
                último círculo

vienes vertiginosa
mente en último sueño
de resistida vigilia:
precipitada caída
en pesado disfraz
de temerosa piel
y cansada
ahora te peinas te despeinas
te miras te desmiras
y en inacabable simulacro
simulando (des)esperan
todas
           tus pequeñas muertes

antinomia del anuente
en anublado antojo
de antitéticas canciones

por las noches
tus zapatos viajan
sobre las baldosas y
tu andar envuelto
en ojos huecos
de chaleco
es
para no morir
tan solo
      un gesto

ahora resuena
la antinomia
de la escena
en entrega
     desentrega
y una vida
apenas se (des)viste
en lejano atuendo
detrás de las butacas

la tarde mira
y dibuja
la solitaria silueta
de un hombre:
oscuro oximoron
en lentos lentes
y rápido sombrero

aquel hombre
esconde su paraje
de juncias
detrás de las canillas
y la tarde alucina
en adverbios
                de tiempo
(cierta incierta-mente)
replegada sobre
el lecho
nuevamente
                imponderable

hoy habitas las
horas que no fueron
las otras
las de alas recorvadas
en luctuosos óxidos
de esterilidad fecunda
y entre báculos y
                       máculas
tu escena yace
sin puerto
           sin nombre
   sin tiempo

en señalado culto
al miedo
bostezan siempre
tus más débiles
corcheas

para no morir desde el olvido
tu primera región escribe cartas a
                 la otra

de toda muerte
mis dedos
se despiden
la vida
es otro sitio

no seré yo quien lo haga
ni siquiera mis manos
en aparente movimiento
ni mis inquietos dedos
hurgadores inútiles
de estériles paisajes
no seré yo
quien ejerza
el breve y sordo
estampido de la bala
cayendo horizontal
a mi estatura
el último hombre
ya casi habrá partido
y un único recuerdo
habitará
todos los sitios

del aire vienes huyendo
vientos del miedo
hombre, tan solo un hombre
de tiernos huesos:
vida, hoy solo es vida
mañana incierto
y cuando la luna acabe
ya no seremos
hombre de lentos soles
callados ecos
del aire sigues huyendo
vientos del miedo
hombre, botella y luna
entre mis huecos
mi voz que grita, abrázame
y ya no hay tiempo

alguien busca en el aletear del día
            alguien
echado sobre un camastro
             en algún lugar de la tierra

© Mónica Saldías

Envía e-mail:

email.gif (26371 bytes)

 

back